La Aventura del “Plein Air”

Imaginemos que somos traductores y nos toca la tarea de traducir simultáneamente el discurso de alguien en alguna actividad, o de servir de traductor entre dos personas que conversan en lenguajes diferentes. Realizar esa tarea con cabalidad requiere, aparte del dominio de más de un lenguaje, unas destrezas particulares para comprender de inmediato el mensaje, identificar lo esencial del mismo, hacer los énfasis tonales de expresión adecuados y transformar toda esta información en otra lengua, en consonancia con sus características intrínsecas. No hay tiempo ni condiciones afines para consultar diccionarios ni guías gramaticales de expresión verbal. Algo similar sucede con la práctica de pintar al aire libre.

Plein air oil painting of Cerro Gordo beach in Dorado Puerto Rico
CERRO GORDO / Oil on 14″ x 28″ Masonite

Se dice que los franceses inventaron el “Plein Air” allá para la primera mitad del siglo XIX, y es por eso que se denomina en dicho idioma.

“Plein Air” no es un arte costumbrista. Es un arte representativo de la naturaleza que persigue estimular las facultades intelectuales del observador para reconocer lo necesariamente implicado por el virtuosismo del artista en la ejecución de la obra. Pintar al aire libre le impone al artista unas condiciones particulares en las que se pone a prueba la capacidad de realizar el equivalente de una traducción simultánea de la realidad visual al lenguaje abstracto de la pintura. El artista de “Plein Air” debe ser lo suficientemente diestro para dominar las circunstancias y hacer comprensible el significado de las formas abstraídas en breves contornos, colores, luces, sombras y texturas. Fuera del estudio, el tiempo está limitado a apenas dos a tres horas de trabajo continuo, debido a que la escena en vivo cambia ante los ojos con el movimiento aparente del sol. En el trópico particularmente, las nubes alteran dramáticamente la luminosidad y nos encontramos a la merced de un chubasco repentino. Primero que todo, luego del montaje del equipo, hay que ubicar la parte de la escena abierta a vuelta redonda en la superficie a pintar, por lo que algunos pintores realizan un boceto ligero a lápiz de las masas y valores para establecer la composición. De ahí en adelante, comienza la verdadera aventura del Plein Air, y no cesamos hasta que la naturaleza y la obra hayan llegado a un entendido razonable. 

Hoy en día, el Plein Air goza de mucha popularidad. Diríase que es la mejor oportunidad de salir del estudio y disfrutar un día hermoso, sin dejar de hacer lo que más nos gusta. 

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