Maneras de pintar hay muchas, como si de traducir a diversos lenguajes se tratara. Al igual que los lenguajes, la acción de pintar, es decir, de traducir el mundo a pintura, requiere un conocimiento del método, la “ortografía” de la pintura. El pintor experimentado, aquél que ha estudiado y probado los distintos procedimientos para la ejecución de una obra de arte, sabrá escoger con poca dificultad el proceso técnico que cumpla con más efectividad su intención de lograr una buena pintura.

Buena pintura y un buen ejemplo del uso correcto del método es este trabajo realizado por una participante de mis cursos de arte. La estudiante usó como referencia un impreso digital a color de una foto.

La obra comenzó con una imprimatura de azul, para complementar con el color base (local) rojo de las amapolas. En la teoría de color basada en la física de la luz, el azul, no el verde, es el color complementario al rojo. Las formas generales de las tres amapolas se dibujaron usando tiza blanca.

A partir de ese momento, los contornos externos e internos de las flores se delinearon con carmín de alizarina. Sobre la imprimatura de azul, el carmín produce un tono de sombra muy rico.

Para pintar las amapolas, la estudiante empleó el rojo de cadmio, aclarado en mezcla con amarillo para las luces más intensas y oscurecido con el carmín para los medios tonos.

Un procedimiento similar fue usado para el modelado (chiaroscuro) de las hojas; verde-amarillo, verde y verde neutralizado con carmín.

El resultado habla por sí solo.